jueves, 27 de abril de 2017

¿POR QUÉ DEFENDER LOS DERECHOS DE LOS GLBTI EN ECUADOR?


Una serie de sucesos ha ocasionado que se avive de los derechos de los homosexuales en el Ecuador. Primero, una pareja extranjera lésbica apareció en los medios de comunicación luego de reclamar sus legítimos derechos ante las autoridades ecuatorianas. Después, el exabrupto de un sacerdote levantó dudas respecto a qué tanto los grupos contrarios a los derechos de los homosexuales quieren debatir el tema y qué tanto quieren simplemente callar a los que pensamos diferente. Por último, una honorable rectificación de diario El Comercio ante la publicación de un artículo homofóbico escrito por uno de sus editorialistas muestra que en el país empieza a existir vergüenza ajena para quienes se creen superiores por sus gustos sexuales. Estos hechos hacen que considere oportuno expresar las principales razones por las que yo defiendo los derechos de los homosexuales.

La principal y más importante razón es porque creo firmemente en el principio de que todos los humanos somos iguales. Así como años atrás muchos se quedaron callados ante la opresión a las mujeres y la opresión racial, me parece terrible quedarse callado ante la tragedia que sufren los homosexuales por el simple hecho de ser homosexuales. ¿Usted no logra sentir el dolor de este niño de catorce años que se suicidó al no soportar más las burlas que recibía por ser homosexuales? ¿O por el caso de este niño de quince años? ¿O el de este otro niño de catorce años? ¿O de adultos que viven reprimidos e infelices pretendiendo ser algo que no son porque la sociedad no los acepta? Pues resulta que yo no quiero que si alguno de mis hijos es homosexual tenga que pasar por lo mismo que esos otros niños. Si llego a estar en esa situación apoyaré y defenderé a mis hijos en sus decisiones, pero independientemente de que eso suceda o no, desde ahora lucharé para que las futuras generaciones no sean discriminadas por su orientación sexual. No hay que esperar a que el problema toque su puerta para tener sensibilidad.
La segunda razón por la que defiendo los derechos de los homosexuales, y la principal por la que defiendo sus derechos a tener hijos, es porque la evidencia muestra que los niños criados por parejas homosexuales no sufren ni de traumas ni de defectos de los que estén exentos los niños de parejas heterosexuales. Al final del día resulta que dos hombres o dos mujeres pueden dar el mismo cariño, atención, educación y valores a sus hijos que una pareja heterosexual. Obviamente, será más difícil la lucha si viven en una sociedad discriminatoria, pero eso no debería impedir que tengan hijos, sino que debería motivarnos a dejar de discriminar. Y no, los niños no terminan necesariamente siendo homosexuales. ¿Dónde está la evidencia? Hay un sin número de casos de la primera generación de niños criados por matrimonios homosexuales que hoy han llegado a la mayoría de edad y pueden contar sus historias. Les recomiendo leer el libro “A tale of two moms” y revisar el sitio web de su autor, Zach Wahls, para ver un gran ejemplo. Si usted sigue creyendo en los traumas y defectos sin haber conocido en su vida a una persona criada por un matrimonio homosexual ni haber visto evidencias que sustenten sus creencias, entonces usted encaja, por diccionario, la descripción de prejuicios.
La tercera razón más importante por la que defiendo los derechos de los homosexuales es porque he tenido la oportunidad de vivir fuera del Ecuador, en lugares donde los homosexuales pueden vivir sin miedo y sin ser privados de sus derechos fundamentales y, ¿saben qué? ¡Son personas normales! Tengo que admitir que sólo después de salir del Ecuador entendí el daño que le causa el rechazo de la sociedad a los homosexuales. Mientras en Ecuador mi impresión era de que los homosexuales no eran capaces de adaptarse a la sociedad, ahora tengo claro de que, cuando no hay discriminación, la orientación sexual no influye en las capacidades de una persona para tener éxito en la vida. ¿Ha pensado usted en lo difícil que debe ser para una persona ser rechazado por su familia y por la sociedad? Es fácil simplemente decirles “desadaptados sociales” como hizo el homofóbico Miguel Macías la semana pasada.


Antes fueron a la mujeres a quienes “no discriminaban” pero no las dejaban sufragar o trabajar; también estuvieron los negros quienes eran “personas como los demás” pero no podían compartir el bus o la mesa con los blancos; y ahora son los homosexuales a quienes “aceptan” pero les demandan castidad, reprimir sus sentimientos y olvidarse del matrimonio e hijos. No, abstenerse de insultarlos o de tirarles piedras no es suficiente. ¡Vaya tolerancia!
JUAN PABLO MARTÍNEZ